Los controladores aéreos siguen calentando motores y apretando las tuercas del ministro de Fomento, José Blanco, de cara a la negociación del convenio colectivo. La amenaza ya está lanzada y hace daño donde más duele: en el tráfico aéreo de Semana Santa.
El Sindicato Profesional Independiente de Controladores Aéreos (SPICA), el menos representativo de este colectivo, amaga con una huelga de celo durante estos días, y advierte que, a partir del 1 de abril, en el que finaliza la vigencia del convenio colectivo, no harán horas extraordinarias, sólo trabajarán las 1.200 horas anuales por controlador que estipula el convenio colectivo.
¿Qué significa esta amenaza? Pues simple y llanamente que el 33% de los vuelos se verán afectados por esta huelga, serán cancelados o retrasados. Y ello será así porque, actualmente, y dado que las 1.200 horas pactadas no son suficientes para cubrir el servicio, tienen que llegar a las 1.800 anuales, lo que supone que las horas extras son 600. Estas horas dejarán de hacerse. AENA lo tiene claro, los controladores no trabajarán un tercio de su jornada.
Esta situación refleja que las posturas entre los controladores y AENA siguen muy alejadas. Pero la empresa que gestiona el servicio aeroportuario no cede un ápice y responde a cada golpe que le asestan los controladores. Así, ayer reaccionaron a la información publicada por ABC, en la que los controladores afirmaban que se pagan muchas horas extraordinarias porque no hay controladores suficientes.
Los datos aportados por AENA no dicen lo mismo. Mientras que en 2000 había 1.680 controladores que tenían un coste medio de horas extraordinaria por controlador de 39.756 euros, se ha pasado en 2008 a 2.323 con un coste medio de 186.289 euros. ¿Por qué si hay más controladores no se reducen las horas extras? La explicación de AENA es que los controladores firmaron en 1999 un convenio, conscientes de que con 1.200 horas no cubrirían el servicio. Por lo que se vieron obligados a acordar las horas extras, que tiene un coste, por jornada de ocho horas, de 1.500 euros. Sin embargo, desde 2009, se limitaron y ningún controlador puede trabajar más de 200 horas al mes.
Fuentes cercanas al sindicato SPICA, que representa a sólo un 1% de los controladores afiliados (en total, 2.400), niegan que esta medida constituya un acto de «huelga encubierta» y subrayan que se van a «limitar» a cumplir con la planificación «que propone AENA». «La drástica reducción de personal de servicio tendrá consecuencias inmediatas en la fluidez y en la seguridad de las operaciones».
Una de las salidas a la crisis que baraja el propio colectivo es alcanzar un pacto durante Semana Santa en el que los controladores, voluntariamente, continuarían prolongando su jornada. Desgastados por una batalla en que su imagen pública se está viendo asediada por los reproches continuos del Ejecutivo, que airea sin disimulo sus envidiables sueldos y condiciones de trabajo, los controladores prefieren actuar con cautela. Esta tregua temporal no se produciría para acercar posiciones con Fomento, sino por «el interés de los ciudadanos».
Lo que por el momento se desconoce es qué incidencia puede tener el llamamiento. La Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA), que agrupa al 96%, subraya en el carácter minoritario del sindicato beligerante y rechaza su «modus operandi». «El tono que usa SPICA no es el que queremos», concluyen.





